Esta es una reflexión sobre cómo educar a hijos y alumnos para que sean personas “como Dios manda”. Ya, pero ¿y qué significa esta expresión? Pues ahí está el meollo del asunto…

La permisividad, dependiendo a qué padre, madre o a qué docente le preguntes, está muy bien o muy mal vista; por eso me gustaría compartir contigo algunas ideas que he estado pensando estos últimos días.

Como father and teacher que soy (mírame en Instagram), todas las ideas y opiniones personales que voy a exponer a lo largo de esta entrada las digo pensando tanto en mis hijos como en mis alumnos, pues creo que son aplicables a ambos colectivos.

Voy a comenzar contándote algo que me ocurrió estas pasadas vacaciones. Estando en el campo, conocimos a una familia que llevaba un año viviendo en una furgoneta: el padre era sudafricano y la madre húngara; tenían 3 hijos (de 2, 5 y 7 años) Llevaban un año fuera de su casa, viajando por la costa mediterránea de España. Los niños estaban un poco sucios (algo lógico si no tienes un baño en tu “furgoneta-casa”)… y, por eso, he de reconocer que, en un principio, me saltaron todos los prejuicios que tengo hacia esos “hippies descuidados”. Su hija mayor era una niña rubia de ojos verdes preciosos y piel clara; un día vino a buscar a mi hijo y nos fuimos con el padre y su hermanito de 5 años de excursión a subir a una colina. Durante nuestra pequeña excursión me fijé en cómo ese padre trataba a sus hijos:  hablaba poco y bajo… y casi no les daba indicaciones a sus hijos. En algún momento en el que sus niños estaban haciendo “el cabra” por las rocas le pregunté si no le daba miedo que se hicieran daño; él me contestó: yo he venido “a estar” con ellos; no les dirijo, solo les acompaño. ¡Zas! ahí me lo dejó…

Observándolos durante varios días me fui dando cuenta de que sus hijos eran espabilados, curiosos, sonrientes, jugaban con los míos sin problemas (aunque hablaban poco castellano), no se aburrían, no tenían (ni pedían) la tablet… A pesar de solamente “chapurrear” un poco de castellano se comunicaron todo el día perfectamente conmigo y mis hijos.

Cuando estaba atardeciendo, el padre encendió una hoguera… y se apartó; mientras mis hijos estaban más preocupados y nerviosos de que el fuego no se apagara y de organizar cómo y qué palos quemar, los otros dos niños estaban en silencio y contemplando la magia del fuego…. y me dio envidia de esos niños. Mis hijos no estaban experimentando el fuego, no estaban disfrutándolo; estaban preocupados por que la hoguera siguiese encendida. Y una pregunta vino a mi mente: ¿para qué me esmero en mantener un fuego encendido si no soy capaz de disfrutarlo? Luego me vinieron más preguntas: ¿qué sentido tiene esforzarse en conseguir algo, si no lo disfruto cuando lo tengo? ¿hasta qué punto tenemos que “dirigir” a nuestros hijos o alumnos? ¿cómo se hace eso de “solamente estar” con tus hijos o alumnos?

Y me doy cuenta de que habitualmente les estamos diciendo a nuestros hijos y alumnos todo el día lo que tienen que hacer: igual que mis hijos dirigían a los otros niños para darles indicaciones y conseguir que el fuego no se apagase, los padres y profesores nos pasamos el día dirigiendo la vida de los niños. Los profesores nos pasamos el día dirigiendo a los alumnos. ¿Cuando les dejamos experimientar por sí mismos? ¿Cuando les dejamos equivocarse? ¿Por qué intentamos ocupar todo su tiempo con actividades varias? ¿Por qué les llenamos de actividades de cosas, de objetos, de indicaciones, de horarios…? ¿Cuándo hay tiempo para dejarles que se aburran y que salga así su creatividad a flote?

Muchas veces oigo en conversaciones con padres y madres de mi edad (sí, los que estudiamos la EGB) que nosotros, cuando eramos pequeños, nos entreteníamos en la calle con los amigos solamente con unas chapas o haciendo un cabaña; pero es que ahora los adultos les dirigimos hasta cuando están jugando en el parque con sus amigos. ¡Déjales que ellos se organicen y decidan lo que quieren hacer y cómo lo quieren hacer!

Los niños de la furgoneta me enseñaron que no se necesitan grandes cosas para ser feliz. Que hacer un fuego es sentarse a ver el movimiento que hacen las llamas, y no puede ser un agobio la preocupación de que apague, porque sino, no disfrutarás de la magia del momento. Aquellos niños no necesitaban ir a la playa cargados con cubos y palas (de todas las formas y colores) porque las piedras y el mar era todo lo que necesitaban para correr, experiementar, reir, jugar, entretenerse… No existía el “papá, es que me aburro” porque cuando no estaban haciendo nada… simplemente estaban disfrutando de “estar” en la playa. No tenían “interiorizado” el mecanismo de las prisas y del reloj, ni sus vidas se han llenado con horarios y tareas programadas por “los mayores”. Y, es cierto, los extremos no son buenos, pero creo que en el día a día de muchos hogares y escuelas hace falta un poquito de “menos dirigirles y más dejarles”

Pero, ¿qué me dices de los peligros que les acechan?, pensaréis algunos de vosotros. ¿Has pensado que muchas veces no les dejamos hacer algunas cosas por miedo a que se hagan daño? ¡Es que a lo mejor no se van a hacer daño! Igual somos los padres los que tenemos que controlar nuestro miedo “a que se vayan a hacer daño”, controlar a esa vocecita interior que hace que veamos todo lo malo que les va a pasar. Ya no dejamos que se suban a ese árbol porque seguro que se caerán, no dejamos que jueguen con palos porque se harán daño… en definitiva, no les dejamos tocar y exprimentar como han hecho los niños siempre. ¿Cuántos de vosotros jugasteis con petardos, teniais un mechero o una pequeña navaja para afilar palos? Pero no, hoy esto lo vemos como algo demasiado peligroso. Sin embargo, piensa lo feliz que eras tú con esa libertad que tenías cuando eras pequeño; esto se lo estamos robando a nuestros hijos y alumnos. Nos parecen pequeños con 9 años para ir a por el pan, pero nos quejamos  porque con 11 años salen de fiesta el fin de semana…

Así que termino esta reflexión diciéndote que yo creo que sí, que tenemos que ser un poquito más permisivos con hijos y alumnos… para dejarles crecer (y ser y experimentar) por sí mismos, y para que aprendan a disfrutar de la vida que les rodea.

¿Y tú qué opinas? Deja tu comentario a este tema y a estas ideas que he compartido contigo para así enriquecer esta reflexión.

¡Hasta la próxima!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Al enviar un formulario se solicitan datos como tu correo y nombre que se almacenan en una cookie para que no tengas que volver a completarlos en próximos envíos. También se almacenan en nuestro servidor de correo en forma de email para poder dar una contestación a su consulta. Por ello debes de aceptar nuestra Política de Privacidad. Responsable de los datos: Father and Teacher. Finalidad: Dar respuesta a los comentarios del formulario y facilitar su uso. Legitimación: Tu consentimiento expreso al enviar el formulario. Destinatario: contacto@fatherandteacher.com. Derechos: Tienes derecho al acceso, rectificación, supresión, limitación, portabilidad y olvido de sus datos.

Cuando los visitantes dejan comentarios en la web, recopilamos los datos que se muestran en el formulario de comentarios, así como la dirección IP del visitante y la cadena de agentes de usuario del navegador para ayudar a la detección de spam. Una cadena anónima creada a partir de tu dirección de correo electrónico (también llamada hash) puede ser proporcionada al servicio de Gravatar para ver si la estás usando. La política de privacidad del servicio Gravatar está disponible aquí: https://automattic.com/privacy/. Después de la aprobación de tu comentario, la imagen de tu perfil es visible para el público en el contexto de su comentario.